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Quiero escribir este homenaje a mis queridos compañeros de MasterD. Con la distancia que da el tiempo, se convirtieron en mi segunda familia, porque, cuando un compañer@ o yo mismo hemos necesitado ayuda, todos unidos como una piña nos hemos desvivido por ayudarnos los unos a los otros, como si de hermanos de sangre se tratara.

Firmé mi primer contrato con MasterD en el año 2006. Por aquel momento yo no era consciente del regalo que Dios me había hecho. Se ha convertido en el trabajo de mi vida y estoy agradecido de la fuente de grandes bienes y gratas realizaciones, el cual me permite desarrollar mis capacidades y dar buen fruto de ellas y a la vez devolver lo mucho que he recibido.

Trabajo con amor alcanzando metas que creía imposibles, cada mañana entro por la puerta de mi oficina feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, que al instante se ve recompensada por las sonrisas de mis compañer@s. ¡No tiene precio!  Hoy puedo decirles que mi trabajo es una bendición muy gratificante que me llena y hace muy feliz.


Celestino Forcadell, cursos profesionales MasterD Barcelona

15-07-2019


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